
Una de las cosas que más me agrada hacer en la vida, es ir a comprar frutas, verduras, frutos secos y otras cosas a la Vega.
Me encanta, es tan fresco todo, la gente es muy amable, pero observamos in situ el problema de hacinamiento de los locales y la mala política de mantención de uno de los recintos más importantes de Santiago.
La Vega nace en 1865, la funda Agustín Gómez García, quién era un adinerado habitante del Barrio la Chimba. Su nombre era el “Gran Mercado de Abastos” pero hasta el día de hoy es comúnmente llamado “La Vega”.
Cuando caminas por las calles de ese mercado, encuentras verduras y frutas, pero también frutos secos, locales de comida, rotiserías, carnicerías. ME llama la atención la cantidad de cosas increíbles que puedes encontrar en las ferias de las pulgas que se ubican en un costado, sombreros, teléfonos celulares de los primeros que salieron, afiches, etc. Que increíblemente te hacen recordar la niñez y adolescencia perdida con el paso del tiempo.
Es muy entretenida también la enorme cantidad de gatos que existen en estos locales. Hay una vieja leyenda que dice que los gatos eran adorados en el antiguo Egipto, puesto que su base alimenticia era el maíz y acumularlo arriesgaba llenar de ratones la cosecha, y los gatos los espantaban. Por lo que mi mamá me dijo cuando caminamos cada vez que vamos a comprar y yo paso haciéndole cariño a todos los gatos que hay (que son muchos) y preguntaba por qué existían tanto gato, y la explicación es esa, un remedio barato para los ratones. Digo barato porque no te gastas más de diez mil pesos en mantenerlo y además se enferman poco.
Por último, es importante observar el sincretismo cultural que ha sufrido La Vega en estos últimos años, ya que ha aumentado la inmigración a nuestro territorio nacional. Es entretenido escuchar distintos acentos, y olores que antes no existían. Frutas y verduras y diferentes preparaciones de comidas que nunca los habíamos visto.
Les recomiendo ir a dar vueltas en la bicicleta, o a pie, las aceitunas de Avenida La Paz, las verduras frescas, la vega chica y la grande… mmm ojalá exista una política seria para poder mantener ese patrimonio tan entretenido y criollo que es la esencia de la ciudad de Santiago.
